sábado, 7 de junio de 2008

Esto es de hace un par de meses (que precisa)

Palabras pobres para almas opulentas.-

Disponiéndome a parafrasear las imágenes en mi cabeza intento traducir unas letras de amor. Amor profundo, resignado e inimaginable en su conflicto. Pero puro, y, ¡ah la pureza de éste!. Si tan infinito es debo traducirlo, he dicho.-
Aquella oscura perfección me cega, y la admiro- ¡exclamo! – y la envidio – confieso.-
Me encuentro, de vez en cuando, escribiendo sobre ella, o hundiéndome horas mirando sus fotos. Las imágenes de una muchachita un tanto desalineada en su erudición, tesón y visceral determinación (aunque parezca ausente de vez en vez), hacen que mis ojos quieran tornarse mas perceptivos, que mi memoria absorba cada detalle de los pasados años y obligar a mi imaginación a elaborar escenas con ella escuchando alguna cantata de puentes amarillos.
Quisiera pues, algunas veces, gritar su vientre y con orgullo decir que me creó a la luz, e intuir que me sigue creando, para no extrañarla, para sentirme infante desprotegida un rato y llevarla al lado mío como anexo a mis ideas un tanto solitarias. Y luego, abro los ojos una vez mas, a la distancia, a los años ya pasados. Pero también, a los años que con entusiasmo esperan mi llegada. Entonces me reconozco adulta fumadora de la cotidianeidad un poco absurda, un poco trascendente. Y digo orgullo, y digo querer que me vea, y digo querer que todos sepan que fue mía antes que de nadie. ¡Mía!
Me gusta leer libros que fueron suyos, y sentirme ahora dueña. Me gusta leer los pensamientos ahí sellados. Hoy, encontré entre páginas de aquellas una carta vieja que le escribieron alguna vez, y los años no pasan sobre las palabras, que aún hoy, yo, puedo encontrar mágicas. Eran palabras de amor: ¡Ah! ¿¡Amor!? ¿¡Quien sabe de amarla!? Yo sé de amarla, imaginarla y disponerla a mi voluntad en mi mente. ¡Yo sé de pensarla única! No supieron (y acaso pudo parecer que yo tampoco supe) dejarle ver que el amor es ella en esencia, con su pronta inmadurez, con su galante sabiduría. ¡Pero nadie puede amarla, ni pensarla ni desearla parte y cerca, nadie puede como yo !
Sepan que soy yo, la dueña de su corazón. Sepan que es ella, mi única dueña.-

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